La Paz, Partera de la Historia

Se cumplen, por estas fechas, tres años de la celebración VIII Seminario “Cultura de Paz desde Andalucía” Historia de la Cultura de la Paz que, auspiciado por el proyecto de excelencia La Cultura de Paz desde Andalucía: Experiencias y Desafíos, convocó en la sede del Instituto Universitario de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada a un nutrido grupo de historiadoras e historiadores provenientes de diferentes instituciones académicas europeas y americanas.

El éxito de las comunicaciones allí presentadas llevó a Juan M. Jiménez Arenas y Francisco A. Muñoz Muñoz, coordinadores de dicho proyecto, a proponer la edición de un libro que, bajo el sugerente título de La Paz, Partera de la Historia (Editorial de la Universidad de Granada, Colección Eirene nº 35), ha visto la luz a principios de este año.

El título remite a la imagen del nacimiento de un ser humano, una de las más bellas y felices que podemos tener, porque en ella se concentra todas las expectativas de la continuidad de la vida y de las sociedades. Dice el diccionario que partera es «una mujer que, sin tener estudios o titulación, ayuda o asiste a la parturienta». La partera, como la paz, es la encargada de garantizar la vida, de perpetuarla.

En la antigua Grecia, en el siglo V a. C., Sócrates, influenciado por la profesión de su madre Fainarate, comadrona, utiliza la mayéutica (μαιευτικη) como método de investigación y enseñanza. El filósofo ateniense trasladó el significado médico del arte de ayudar a procrear al filosófico, el arte de dar a luz ideas, ayudar el saber, a través del diálogo. Igualmente, podríamos decir que la Historia participa de la mayéutica porque genera nuevas vidas, nuevas propuestas para el desarrollo de las capacidades humanas, en su transcurso se gestionan pacíficamente los conflictos y se crean realidades de paz.

En cierta medida al afirmar que la Paz es partera de la historia estamos subvertiendo la conocida frase de Karl Marx que pensaba justamente lo contrario La violencia es la partera de toda sociedad vieja preñada de una nueva. En el fondo hacemos una propuesta de lectura distinta de la Historia en la que damos preeminencia a la gestión pacífica de los conflictos en las dinámicas sincrónicas y diacrónicas de las sociedades humanas.

En una amplia declaración las Naciones Unidas expresa que la Cultura de Paz es un «conjunto de valores, actitudes, tradiciones, comportamientos y estilos de vida basados en: el respeto a la vida, el fin de la violencia y la promoción y la práctica de la noviolencia por medio de la educación, el diálogo y la cooperación; … el respeto pleno y la promoción de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales; el compromiso con el arreglo pacífico de los conflictos; … el respeto y el fomento de la igualdad de derechos y oportunidades de mujeres y hombres;… la adhesión a los principios de libertad, justicia, democracia, tolerancia, solidaridad, cooperación, pluralismo, diversidad cultural, diálogo y entendimiento a todos los niveles de la sociedad y entre las naciones; y animados por un entorno nacional e internacional que favorezca a la paz».

Cabe preguntarse cuál ha sido el papel de esta Cultura de la Paz en la Historia y, asociado a ello, cuáles han sido las fuerzas, los «motores», que han movido las dinámicas humanas. Bien es cierto que la historiografía tradicional ha tendido a interpretar a la «violencia como partera de la Historia», pero también ha habido otras interpretaciones que le han dado espacio a otros móviles como la política, la democracia, las negociaciones, el intercambio, la interculturalidad, la diplomacia o las virtudes. En cualquier caso, el balance historiográfico está, hasta el momento, claramente desequilibrado hacia el primer enfoque. Por eso es importante abordar las segunda posibilidad, porque la Cultura de la Paz, y la Investigación para la Paz pueden incorporar o contribuir a renovar presupuestos metodológicos, epistemológicos, ontológicos y, si queremos, axiológicos, que sin duda, enriquecerían las posibilidades de la Historia como ciencia de lo social. Evidentemente, la incorporación de una perspectiva abierta de los conflictos, la coexistencia de diversos proyectos e intereses en relación con la satisfacción de necesidades o el desarrollo de las capacidades o, el papel de las mediaciones, la paz negativa, positiva o imperfecta, la búsqueda de equilibrios dinámicos, el «poder» de los actores que defienden la paz o la deconstrucción la violencia, y todo ello en el marco de la complejidad, son algunas ideas que pueden enriquecer las perspectivas sobre la Historia.

La Paz, la regulación pacífica de los conflictos, sin duda una de las grandes preocupaciones de nuestro siglo, es punto de interés de políticos, religiosos, gentes de diversas culturas y estatus sociales, mujeres, jóvenes, hombres, empresarias/os, o trabajadoras/es, en definitiva, de la opinión pública. La Historia y, solidaria y complementariamente, todas las ciencias y disciplinas interesadas por las dinámicas de los grupos y sociedades humanas han tenido que actualizar continuamente sus presupuestos y perspectivas de acuerdo con los cambios producidos en el conocimiento humano, en general, y científico en particular. En relación con esto, en las últimas décadas la preocupación por la Paz, como un componente de las sociedades, ha sido cada vez mayor y así queda claro en numerosas reuniones, en el incremento de investigadoras/es preocupadas/os por este campo y en la proliferación de publicaciones científicas. Desde el Instituto de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada, al que pertenecemos, también se ha apostado por situar la Paz, como categoría de análisis, en el centro de los debates epistemológicos y ontológicos. Así, las historiadoras y los historiadores tienen la posibilidad, y por ende el compromiso, de introducir en sus investigaciones las temáticas relacionadas con la Paz, porque ésta forma parte de todas las sociedades y es una garantía para la construcción de un futuro pacífico. No obstante, las perspectivas «violentológicas», muy extendidas, contribuyen a pensar que es la violencia la que marca las dinámicas de la Historia. Sería necesario, por tanto, hacer un giro epistemológico, y ontológico, para recuperar el papel central de la Paz en las dinámicas sociales.

La Investigación para la Paz no ha sido ajena a los intereses de los debates historiográficos en torno a los motores de la Historia. La interacción entre aquélla y éstos ha contribuido a generar nuevas perspectivas de análisis y a agregar muchas más variables desdeñadas u olvidadas en la reconstrucción de la Historia tales como el pacifismo, la cultura de la paz o la no-violencia. A lo largo de este libro se defiende que los conflictos, entendidos como discrepancias en cuanto los proyectos de cada uno de los actores, son el motor primordial de la Historia, quedando abierta la posibilidad de su regulación pacífica o violenta. Por tanto, partiremos de la siguiente premisa: la Paz, entendida como aquellas regulaciones en las que se alcanza el máximo desarrollo de las capacidades humanas posibles, ha sido, y es, uno de los principales móviles de toda la Historia de la Humanidad.

La Historia de la Paz, de la cual este volumen es a la vez deudor y contribuidor, aspira a interpretar el pasado en clave de Paz, una paz mayoritariamente silenciada y que es necesario recuperar para que ocupe los mayores espacios públicos y políticos, y para que ayude a tomar conciencia de las capacidades que tenemos los seres humanos para la regulación pacífica de los conflictos.

[JIMÉNEZ ARENAS, Juan M. y MUÑOZ MUÑOZ, Francisco A. (2013) La Paz, Partera de la Historia. Granada, Editorial de la Universidad de Granada, Colección Eirene nº 35, 295 pp. ISBN: 978-8433854650]

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La Independencia de Venezuela relatada en clave de paz: líneas para la reflexión y el debate

A diferencia de lo que usualmente se relata en la historia, el conflicto que enfrentó a patriotas y realistas por la Independencia de Venezuela entre 1810 y 1846  no fue sólo violento. Por el contrario, este tuvo regulaciones pacíficas a lo largo su duración. Incluso, si vamos más allá y tomamos la extensión en el tiempo de dichas regulaciones y las comparamos con las regulaciones violentas, veremos que las primeras superan a las segundas. Sin embargo, para poder identificar esta realidad tan reveladora, es necesario cambiar las preguntas que nos hacemos, o los presupuestos de partida, lo que Francisco A. Muñoz y otros investigadores para la paz llamamos Giro Epistemológico. Esta ha sido la intención u objetivo de mi tesis defendida el pasado 10 de mayo de 2013 en la Universitat Jaume I de Castellón, para la obtención del título de doctor en Estudios de Paz, Conflictos y Desarrollo.

Sin ser perfectas, las regulaciones violentas y pacíficas entre ambos bandos interactuaron potenciándose unas más que otras en determinados momentos. Para identificar esta realidad, dividí el conflicto en tres fases para diferenciar algunas tendencias en la potenciación de determinadas paces y violencias, en la preeminencia en el accionar de algunos actores y en la dimensión del conflicto.  Una primera fase, entre 1811 y 1820, período en el cual  inicia formalmente el conflicto con la Declaración de Independencia de Venezuela, proceso que se venía fraguando desde 1810 con la crisis de legitimidad que provoca el establecimiento de la Junta Defensora de los Derechos de Fernando VII. En esta fase, si bien la violencia directa y cultural alcanzan su más alto grado a lo largo del conflicto entre patriotas y realistas, se potencian de manera imperfecta paces positivas que benefician directamente a los estratos más bajos de la sociedad que decidían defender con las armas alguna de las causas. Por otra parte, es en esta fase que se consolidan los liderazgos en los bandos realista y patriota y se inclina la balanza de poder hacia este último gracias a los apoyos crecientes que va conquistando, haciendo del conflicto una dinámica intra e internacional. La segunda fase, comprendida entre los años de 1820 y 1831, es marcada por una gran mediación que dinamiza el conflicto, potenciando las paces negativas y culturales entre patriotas y realistas, tanto en Venezuela como en otros conflictos similares del continente suramericano. Esta mediación, representada por los Tratados de Armisticio y Regularización de la Guerra suscritos en la ciudad venezolana de Trujillo, así como por el encuentro de los líderes de ambos partidos en el vecino pueblo de Santa Ana, fue sin lugar a dudas determinante en la reducción de la violencia y la potenciación de espacios y momentos de paz, tales como la regularización de la guerra, el surgimiento de un incipiente Derecho Internacional Humanitario, la reinserción de realistas a la vida nacional y la promulgación de amnistías y perdones. Asimismo, en esta fase analizo la interacción de paces y violencias imperfectas ya que, mientras en España se producía el regreso del liberalismo y la posterior restauración del absolutismo, en Venezuela se potenciaban progresivamente espacios de paz entre patriotas y realistas con la consolidación de la secesión.  Finalmente, la tercera fase del conflicto, comprendida entre 1831 y 1846, es la que centra su atención en las negociaciones diplomáticas entre España y Venezuela, como Estados. Venezuela, con una independencia de hecho consolidada y, España, con un conflicto sucesoral y político a cuestas y la progresiva disgregación de su Imperio (condiciones ambas que favorecieron los acercamientos entre gobiernos). En esta fase ya no se observan regulaciones violentas y destaca la potenciación de capacidades para las paces en diversos tipos de personajes tales como políticos y militares para el entendimiento mutuo. En cada una de estas tres fases, el liberalismo político, fungirá permanentemente y de manera imperfecta como espacio común entre patriotas y realistas para la potenciación de instancias de paz cada vez más numerosas.

Específicamente, la tesis ha buscado, por una parte, explicar que el proceso por la Independencia de Venezuela fue un conflicto, del cual la violencia (la guerra) y las regulaciones pacíficas fueron dos formas de su regulación. Por otra, mostrar que el conflicto por la Independencia se puede abordar desde una visión pacífica de la historia, más allá del enfoque de la «historia oficial». Y, finalmente, analizar las regulaciones pacíficas y deconstruir las regulaciones violentas entre patriotas y realistas desde una visión de la paz imperfecta. Para ello me plantee tres hipótesis: 1) Cabe decir que el proceso por la Independencia de Venezuela más allá de una guerra, fue un conflicto político por la «secesión» y la «libre determinación»; 2) El liberalismo político promocionó mediaciones pacíficas permanentemente  entre patriotas y realistas en el conflicto por la Independencia de Venezuela; 3) A lo largo del conflicto por la Independencia de Venezuela existieron numerosas regulaciones pacíficas entre patriotas y realistas.

Mi aproximación metodológica fue doble. Por un lado como historiador y por otro desde el campo transdisciplinar de la paz. En la primera aproximación me situé en la Historia de la Paz la cual, tal como lo plantean Muñoz y López Martínez, es aquella que re – conoce y destaca las regulaciones y transformaciones pacíficas de los conflictos del pasado, todos los factores y actores involucrados en ellas y sus interacciones con las expresiones de violencia.        Desde el campo transdisciplinar de la paz, utilicé la propuesta de la Matriz Unitaria (comprensiva e integradora de las disciplinas) como herramienta fundamental para alcanzar una teoría general consensuada del conflicto, que lo aborde de acuerdo a la complejidad de las interacciones de los fenómenos del universo.  Una matriz que incluya todos los elementos del sistema en un campo transdisciplinar y que, gracias a sus relaciones internas, explique, de alternativas y considere las relaciones entre los diversos fenómenos y conflictos. Esto producto de la necesidad de estudiar la Paz como una respuesta adecuada a la conflictividad. Para entender dicha Matriz partí de dos premisas filosóficas fundamentales propuestas por Muñoz: el Giro Epistemológico y la Paz Imperfecta. Todo ello a partir del análisis documental de fuentes históricas (documentos impresos, testimonios, fuentes bibliográficas y digitales), las cuales serán abordadas utilizando el discurso diacrónico.

El estudio arrojó ocho conclusiones interesantes. En primer lugar, fueron corroboradas las tres hipótesis planteadas al inicio de la investigación. Es decir que el proceso por la Independencia de Venezuela más allá de una guerra, fue un conflicto político por la «secesión» y la «libre determinación»; que el liberalismo político promocionó mediaciones pacíficas permanentemente  entre patriotas y realistas; y, tercero, que a lo largo del conflicto por la Independencia de Venezuela existieron numerosas regulaciones pacíficas entre patriotas y realistas. Adicionalmente, el estudio arrojó otras conclusiones. En ese sentido, mostró que: a) el fin del conflicto por la Independencia de Venezuela no se produce en 1823 con la victoria patriota en la Batalla del Lago de Maracaibo o la Toma de Puerto Cabello, tal como lo suele reseñar la «historia oficial»; b) a pesar que la mayor parte del tiempo del conflicto transcurrió pacíficamente, la violencia jugó un papel importante su definición; c) el conflicto por la Independencia de Venezuela fue afectado por otros conflictos políticos, sociales y económicos de la sociedad venezolana; d) más allá de las regulaciones pacíficas y violentas entre patriotas y realistas, existieron simultáneamente espacios de paz en Venezuela; e) es necesario redimensionar el análisis del conflicto a la luz de nuevas fuentes que permitan comprender de manera más rigurosa el papel de los indígenas y las mujeres que participaron en esta diatriba.

Esta tesis, dirigida por el Dr. Francisco Muñoz y la Dra. Sonia París Albert, ha pretendido mostrar que el conflicto por la Independencia de Venezuela transcurrió en una interacción permanente entre regulaciones pacíficas y violentas, siendo el liberalismo político un dinamizador de regulaciones pacíficas entre patriotas y realistas a lo largo de toda la diatriba. Con esto asumimos la imperfección de la paz y de la violencia, lo cual representa un paso enorme en la interpretación de la complejidad de los conflictos del pasado. Queda abierto el debate para repensar y reflexionar, desde el Giro Epistemológico, no sólo este conflicto, sino otros conflictos independentistas de los países hispanoamericanos.

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¿CAPITALISMO IMPERFECTO?

Buena parte de las luchas sociales y políticas del siglo XX se realizaron bajo el estandarte, el análisis o las concepciones generales del marxismo. Y, sin duda, el más general de los objetivos de dicha corriente era la lucha contra el capitalismo, para lograr su destrucción final y el advenimiento de una nueva sociedad. El marxismo era, entonces, esencialmente anticapitalista.

Hoy, más de veinte años después de la caída del Muro y de la destrucción de la Unión Soviética, muchos tienden a tildar de anticapitalistas las luchas de los nuevos movimientos sociales. ¿Lo son? ¿Qué significa ser anticapitalista? ¿Es una etiqueta que busca establecer cierto nexo entre los nuevos movimientos y las anteriores luchas anticapitalistas lideradas por el marxismo? Para resolver esos interrogantes, quizás convendría volver a las fuentes originarias del marxismo, recordar el sentido que históricamente se dio al término anticapitalista y confrontarlo con el sentido de los objetivos de los nuevos movimientos sociales. Sólo así se podrá comprender si lo que se gesta hoy mantiene la estirpe revolucionaria que propugnaba la destrucción del capitalismo o si es, en realidad, un gran movimento reformista incipiente que convivirá con el capitalismo y, de manera muy “revolucionaria”, intentará transformarlo.

¿Será el capitalismo una construcción histórica con aciertos y desaciertos? ¿Con construcciones positivas y con debacles sociales y políticas? ¿Qué del capitalismo es rescatable? ¿Y qué no lo es? ¿Hay aspectos clave realmente rescatables o no los hay? ¿En qué consisten tanto las paradojas como las complejidades  del capitalismo? ¿Podrá llegarse a hablar de un capitalismo imperfecto y que, incluso, las más fuertes y radicales luchas contemporáneas pudieran convivir con premisas básicas del capitalismo (como por ejemplo, la propiedad privada) y, por consiguiente, no compartir de hecho el postulado marxista de su destrucción?

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PEDAGOGÍA DE LA RECONCILIACIÓN

La reconciliación es, sen el sentido más amplio, un gran acuerdo político que debe legitimarse en todo el país para ser exitoso. La complejidad del proceso exige que la sinfonía que se tocará en la mesa de negociación se toque con partitura y no de “oído”. Hay muchos ejemplos qué seguir y muchos qué desechar. Muchas emociones qué controlar y mucha paciencia que enarbolar. Mientras las negociaciones avanzan, una tarea clave será hacer una intensa pedagogía de la reconciliación a todo lo largo y ancho del país, para que se pueda ir comprendiendo y asimilando un proceso que tiene su principal enemigo en la incomprensión de lo que esta en juego y en los juicios fáciles de partes interesadas en ellas mismas y en sus intereses particulares

Quizás no haya tarea más importante, ahora que se ha oficializado la decisión política de negociar la paz, que tocar los instrumentos de la negociación con partitura y no simplemente “de oído”, como suele ocurrir.

El ritual de estos primeros días después de los anuncios es repetitivo: toda clase de opiniones, unas con algo de sentido común, otras ideologizadas, otras tratando de decir cualquier cosa, simplemente para que sea escuchada en momento tan crucial. Bajada esa espuma inicial, conviene aprontar los instrumentos, afinarlos, utilizarlos armoniosamente y, sobre todo, seguir una partitura.

La negociación será una gran disputa política

Desde el discurso de las FARC en Oslo se viene construyendo una expectativa negativa sobre las posibilidades de éxito del proceso, argumentándose que hay demasiadas diferencias y que, en el primer momento en el que hubo oportunidad, las FARC se encargaron de hacerlo evidente. Es cierto que hay muchas diferencias y que saldrán a la luz a cada momento. Es cierto que se asistirá a intentos de desarrollar la agenda en uno u otro sentido, interpretando de acuerdo con intereses de parte. Es cierto que las FARC tomarán decisiones unilaterales que entrarán en contradicción con lo pactado, como declarar que prácticamente se puede desconocer la existencia de víctimas por parte de ellos (lo cual será muy mal recibido por la opinión) o como declarar un cese al fuego unilateral y temporal con motivo de la Navidad (lo que puede ser bien recibido).

En ningún caso habrá que responder reactivamente, en forma espasmódica y polarizante. Siempre, lo más importante, será comprender la complejidad del proceso y actuar en consecuencia. Pero si eso es ya de por sí muy difícil para quienes representan al Estado en la mesa de negociación, imaginemos siquiera cómo puede ser para la opinión pública: enormemente más difícil. La opinión pública –no lo olvidemos- es esencialmente volátil y hoy está dispuesta a dar mucho menos de lo que estaba dispuesta en el Caguán. Por eso es fundamental, decisivo, algo que no se ve todavía: el Estado debe tomar, en diferentes instancias, en sus manos la tarea de explicar a los colombianos y las colombianas lo difícil que será todo en la negociación, las contradicciones que deberemos aprender a entender y a manejar. Ese buen entendimiento de la complejidad del proceso es quizás la mayor posibilidad de que el proceso no se aborte por reacciones emocionalmente justificadas pero políticamente equivocadas. En otras palabras, tomar en sus manos una audaz y profunda política de pedagogía de la reconciliación que ayude a que la opinión pública tenga reales elementos para incidir en lo que está pasando. Porque lo que se acuerde, si no se legitima en la conciencia de la opinión, fracasará. Esa es, de verdad, la mejor y más fuerte y profunda forma de participación ciudadana.

¿Qué tan único y distinto es el caso colombiano?

Lo primero es saber que ni somos únicos ni estamos condenados. Nuestro caso es particular, especial, sui generis. Complejo. Pero, ¿cuál de los procesos de paz de los últimos treinta o cuarenta años no lo fue? Todos los procesos son distintos. Pero todos tienen muchos elementos comunes y es de ellos –y del tratamiento que se les dio en cada caso- de donde debemos aprender y señalar nuestra propia ruta.

Quizás el concepto más repetido en estos primeros días sea el de que “no deben repetirse los errores del Caguán”. Cierto y políticamente correcto. Pero demasiado restringido. Además de mirar hacia el Caguán, hay que mirar también a Santo Domingo o a Flor del Monte. Pero sobre todo hay que mirar hacia Sudáfrica, hacia Irlanda del Norte, hacia las negociaciones centroamericanas, hacia Argentina o hacia Chile. Hacia Nuremberg. Hacia el Tribunal para la Antigua Yugoslavia y hacia muchos otros sitios donde fue vencida la desesperanza de la violencia. En muchos de ellos se dieron respuestas sobre casi todos los problemas que deberemos resolver si el proceso avanza. Y nuestra primera obligación es conocerlas y ver claramente su aplicabilidad.

¿Hay voluntad de paz entre las partes?

La pregunta que quizás más han planteado los analistas, es sobre si existe una verdadera voluntad de paz entre las partes. Y, la verdad, en algunos momentos esa es una pregunta casi necia, justamente porque es casi imposible de responder hoy. Si el gobierno y el país recuerdan el Caguán y el propósito explícito de las FARC de utilizar la zona de distensión para fortalecerse en tanto organización armada, pues se puede responder mil veces que hay todas las razones para desconfiar y entrar en el proceso con escepticismo y negatividad. Si, por su parte, las FARC recuerdan el genocidio de la Unión Patriótica, podrán tener una reacción exactamente igual. ¿Qué hacemos entonces? Pues simplemente constatar que hay un preacuerdo, que dicho preacuerdo es sensato y que plantea explícitamente que su propósito es el fin del conflicto. Ni cantar victoria, ni augurar derrotas. Simplemente saltar a la cancha. La política jamás se ha movido con certezas. Por el contrario, lo hace con intuiciones, indicios, manifestaciones de voluntad. Y siempre lo pueden engañar a uno. Las manifestaciones de voluntad están y son claras. Y con eso se puede empezar a avanzar.

¿Debe exigirse un cese al fuego para empezar a negociar?

Otra pregunta que suele plantearse es si debe o no exigirse un cese al fuego para empezar a negociar. Es otra pregunta casi necia. Por supuesto que es mejor negociar sin que las acciones armadas continúen. Pero las acciones armadas cesarán de verdad sólo cuando haya mucha confianza entre las partes y, sobre todo, confianza en el futuro del proceso. Y eso sólo será realidad cuando el proceso haya avanzado. ¿Por qué pedirle al proceso que empiece con una situación que sólo será un resultado? Eso, en lenguaje popular, es ensillar antes de traer el caballo. Y ponerlo como condición para empezar las negociaciones es, conciente o inconcientemente, una talanquera. Claro está que no se debe renunciar a que, en algún momento, ese cese al fuego se pueda producir. Pero esa no es, en todo caso, la tarea del momento.

La decisión unilateral de las FARC de declarar un cese al fuego temporal y unilateral puede tener dos lecturas: una, una declaración de buena voluntad, que contribuye al proceso; dos, una acción defensiva que busca que el gobierno acepte una medida similar, con el consiguiente respiro militar que puede significar para ellos. Supongamos que hay un poco de cada una. El arte, nuevamente, estará en juzgar equilibradamente todo y encontrar la parte de verdad que cada elemento tiene. Es igual que en el juzgamiento que una parte pueda hacer de la otra sobre su pretendida o real voluntad de paz.

¿Son excluyentes la justicia y la paz?

En un sentido formal sí. En uno de fondo no. Y eso debe entenderse con claridad para no pedir al proceso cosas que no está en condiciones de dar. Justicia, formalmente, significa que todos los delitos cometidos en el período violento que se intenta superar son juzgados con el debido proceso, fallados y a los condenados se les han aplicado todas las penas previstas en la legislación vigente, con estricta proporcionalidad al crimen cometido. Esa justicia, así considerada, nunca existirá en un proceso de paz. Cualquier organización armada ilegal, sea rebelde o sediciosa, terrorista o apegada estrictamente a las normas del Derecho Internacional Humanitario, que no sea vencida por completo en la guerra, es decir, aniquilada y borrada de la faz de la tierra, negociará sí y sólo sí obtiene favorabilidades. Y la primera de esas favorabilidades es jurídica. Las FARC no se reintegrarán a la vida civil si todos sus integrantes van a ser condenados a veinte o más años. No lo hicieron los paramilitares en su momento. No lo hicieron los guerrilleros centroamericanos. No lo hicieron ni los guerrilleros católicos ni los paramilitares protestantes en Irlanda. Y no lo hicieron los blancos sudafricanos que mantuvieron, a la fuerza, esa contemporánea forma de esclavitud que era el régimen político del apartheid.

En otras palabras, en todos y cada uno de los procesos renegociación que logran el tránsito de una guerra a la paz o de una dictadura a la democracia, o la combinación de elementos de ambos factores, hay una “dosis” de impunidad. Entre otras cosas, porque no habrá la “justicia del vencedor”, fácilmente aplicable sobre la tierra arrasada, sino una justicia diferente.

¿Qué quiere decir justicia transicional?

Ahora bien, es para que pueda aplicarse un sistema de justicia en los períodos de transición que, en las últimas décadas, se ha institucionalizado una modalidad de justicia diferente, diseñada para transitar esos periodos históricos. Y es porque es diseñada para esas transiciones que se la denomina justicia transicional. A la justicia punitiva tradicional, según plantea en Occidente la modernidad, se la figura como alguien con los ojos vendados y una balanza. Es decir, actúa con cualquiera por igual (no mira a quién castiga, sino a quien lo merezca) y en forma equilibrada. Con apego estricto –ese es el deber ser- a principios como el de igualdad y el de proporcionalidad. La justicia transicional es todo lo contrario. No es ciega, ni sorda, ni “justa” en el sentido formal del término. Es, por el contrario, una justicia política, porque es una justicia pactada, acordada, transada en una negociación, precisamente porque se necesita un acuerdo político para hacer posible la transición.

Pero como esa justicia transicional corre el riesgo de ser aplicada según el capricho del gobernante de turno o de ser diseñada gracias a un acuerdo espurio entre partes que quieren lavar mutuamente sus deudas a la sociedad, internacionalmente se han construido unos estándares que permitan que sea aplicada con dignidad para todas las partes que se enfrentaron y para la sociedad toda que aspira a una transición. Están en el Derecho Internacional Humanitario, en el Estatuto de Roma y en numerosos tratados internacionales. Y, entre muchas otras cosas, contemplan que los crímenes de guerra y los de lesa humanidad son imprescriptibles, tienen jurisdicción internacional y no son susceptibles de ser amnistiados. Ya no son los tiempos de las transiciones amnésicas ni de aquellas que, sumariamente, “barrían debajo de la alfombra” y pretendían que “no había pasado nada”.

¿Basta con encontrar unas formas jurídicas favorables a los victimarios? ¿Y las víctimas? ¿Y la sociedad toda?

No basta con encontrar unas fórmulas jurídicas que favorezcan a los victimarios y permitan la transición. Los estándares de los que hemos hablado en el punto anterior han logrado un avance sustancial: han puesto en el centro de la discusión los derechos de quienes no han sido los victimarios en el período violento. En primer lugar, de las víctimas directas. Y, simultáneamente, de todas las demás víctimas, es decir, del conjunto de la sociedad, porque no debemos olvidar que estamos haciendo referencia a crímenes contra la humanidad.

Hablando en sentido figurado, las dos primeras “monedas” en las que se tranza la forzosa dosis de impunidad de los períodos de transición, son justamente dos derechos ineludibles, irrenunciables de las víctimas: la verdad y la reparación.

Verdad proveniente de lo que se devela en los estrados judiciales. Verdad compilada por los historiadores. Verdad difundida por los periodistas. Verdad establecida por esa institución cada vez mas difundida: una Comisión de la Verdad, es decir, grupos de notables legitimados ante toda la sociedad que tratan de establecer un relato integral de los hechos violentos, sin más libreto que contar lo que ocurrió. En nuestro país, antes de los procesos de paz, durante ellos y después, la verdad se ha ido abriendo paso. Muchas veces a marchas forzadas, pero se ha ido abriendo paso. Así, inevitablemente, seguirá siendo en el futuro. Eso ya no lo detiene nadie. El arte de la negociación será añadirle mecanismos, instrumentos e instituciones que apuntalen la búsqueda y difusión de esa verdad. Allí también habrá que tocar con partitura, tomando ejemplos de aquí y de allá y articulándolos en decisiones políticas que de veras se constituyan en una palanca de la paz.

Reparación que empiece, como la verdad, por dignificar a las víctimas. Reparación integral, como la definió la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación. Simbólica y material. Restituyendo bienes. Rehabilitando víctimas. Indemnizando parientes de personas que fueron asesinadas o desaparecidas. Y múltiples formas más, que el mundo también conoce.

Hay otros dos aspectos, otras dos variables que deben estar presentes en cualquier proceso: el llamado DDR y las denominadas “garantías de no repetición”. DDR (Desarme, desmovilización y reintegración) son tres cosas que hay que hacer con los antiguos miembros de los grupos armados ilegales. Con los de las FARC ahora y con los de los paramilitares ayer. Con los del M 19 y con los de la Corriente de Renovación Socialista antier, entre otros. El país, por las características de los procesos anteriores, tiene mucha experiencia en este tema y, seguramente, sabrá ser incorporado en las negociaciones.

Y las garantías de no repetición tendrán que ver con todas aquellas transformaciones institucionales que atienden a desajustes estructurales, sociales, económicos y políticos que pudieron ser caldo de cultivo para el conflicto. Sin aceptar necesariamente que dichos “desequilibrios” son la causa del conflicto (y mucho menos su legitimación), es necesario que, de los acuerdos se salga con la disposición de transformaciones de fondo que se midan en un indicador clave: fortalecimiento de la democracia.

¿Quiénes deben estar en las mesas de negociación?

En la inmensa mayoría de los procesos de negociación estuvieron presentes las dos partes con capacidad de decisión política sobre el tema: el gobierno, por una parte, y la fuerza armada ilegal que pretende reintegrarse, por otra. Nadie más porque si no tendríamos que estar todos. Imaginémonos, sólo por un instante, cómo podrían estar representadas las víctimas, cómo dirimiríamos la representatividad, cómo lograríamos la presencia de todos los sectores? Sería poco menos que imposible. Eso no quiere decir que no deban participar en el proceso los más amplios sectores de la sociedad. Deben hacerlo y el Estado debe facilitarlo. Pero la mejor forma de incidir es creando hechos políticos, movilizándose, en otras palabras, incidiendo.

¿Qué tiene de nuevo este primer acuerdo que abre las negociaciones?

El acuerdo tiene algunas cosas importantes. Como lo hemos mencionado arriba, ninguna garantiza nada, pero muestran una dirección, un sentido, un norte.

El primer hecho destacable es que el acuerdo está explícitamente concebido para abrir paso a unas negociaciones al cabo de las cuales el conflicto armado debe haber terminado. Es decir, deben desaparecer las FARC en tanto organización armada ilegal y adoptar nuevas formas de existencia política que la negociación pacte. Eso no había ocurrido antes y es, subjetivamente hablando, motivo de optimismo.

El segundo hecho destacable es que no es una negociación solamente para el DDR ni centrada en los miembros de las FARC o del ELN en caso de que el proceso con este grupo se desarrolle. Está centrado en las víctimas, en su dignificación y en su reparación.

El tercer hecho es que contempla particularmente la búsqueda de la verdad, con mecanismos que la propia negociación deberá diseñar.

El cuarto hecho destacable es que, sin las pretensiones de “hacer la revolución en la mesa”, en la agenda se contempla un problema estructural de la sociedad colombiana que ha tenido mucho que ver con tantas décadas de violencia: el problema de la tierra. Es decir, de la restitución a los despojados, como tarea inmediata, pero también de su estructura de propiedad y de la política agraria integral que debe responder porque en el futuro, con una visión incluyente, porque haya verdaderas “garantías de no repetición” de la violencia que ha desangrado a Colombia y en la que la tierra siempre ha estado presente.

Y un último asunto fundamental: todo lo que se va a discutir ya forma parte de la agenda de gobierno. Hay un marco legal para la paz (apunta, con rango constitucional, a diseñar una justicia transicional adecuada y legitimable). Hay ley de víctimas (apunta a elementos claves de la reparación). Hay una comisión de memoria (apunta a elementos claves de la verdad). Hay una política agraria en construcción (apunta a elementos claves de la solución de problemas estructurales). Hay una Agencia para la Reintegración (apunta al DDR). Es altamente probable que todos estos puntos salgan transformados de la negociación. Simplemente se trata de eso. Y de hacer tan bien la tarea, o mejor, de tocar la pieza con tanto apego a la partitura, que tantos y tan complejos temas puedan tomar forma adecuada para que el proceso sea exitoso. Pero al mismo tiempo, con mucha capacidad de improvisación, justamente para que la creatividad necesaria no brille por su ausencia. La mesa está dispuesta para el juego. La mesa de póker, claro está.

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Para destacar del incipiente proceso de paz que se realiza en Colombia

En un ejercicio de reconocimiento de las paces imperfectas o inacabadas que se construyen en Colombia, es necesario destacar la nueva oportunidad que se ha abierto paso en este país, para la terminación negociada del conflicto armado interno que ha superado el medio siglo de existencia, siendo considerado dentro de los mas antiguos del planeta; y a su vez, los aspectos positivos, que podriamos llamar avances significativos de este incipiente proceso de paz.

Han transcurrido casi dos meses desde que el gobierno y las Farc anunciaron que habian suscrito un acuerdo preliminar, conocido como el “Acuerdo de la Habana”, que recogia su voluntad de iniciar negociaciones de paz; y sólo un par de semanas, desde que instalaron en Oslo dichas negociaciones. Aunque el lapso mencionado pareciera muy corto, él entraña significativos avances frente a la resolución pacífica del conflicto armado, que es necesario destacar, reconocer y no perder de vista.

  • Se realizó con éxito y con la discreción requerida, una fase exploratoria, con miras a la iniciaciòn de las negociaciones de paz. Representa un importante logro, porque permitio la comunicación y el acuerdo entre las partes, superando un contexto de exceptisimo y polarizaciòn en torno de la paz y la resolución pacífica del conflicto en menciòn, que alejo durante los últimos diez años una posibilidad real en este sentido y endureció la postura de las partes.
  • El Acuerdo de la Habana representa no solo la finalización exitosa de la fase exploratoria, sino la manifestación de voluntad del gobierno y de las Farc de iniciar negociaciones de paz que permitan la resolución definitiva del conflicto que los ha vinculado por mas de 50 años, como requisito esencial para la construcciòn de una paz estable y duradera.
  • Las partes también acordaron una agenda de negociación de cinco puntos (política de desarrollo agrario integral, participación política, fin del conflicto, solución al problema de las drogas ilícitas y víctimas), y los procedimientos para desarrollarla. El acumulado de experiencia que han dejado anteriores procesos de paz, indican la importancia de definir la agenda mencionada, dado que se convierte en la hoja de ruta de las negociaciones, evitando disperciones y dilaciones desgastantes e innecesarias.
  • En forma mayoritaria, el acuerdo en mención suscitó la sintonía de diversos sectores gubernamentales y no gubernamentales del país con el naciente proceso de paz. A nivel internacional tambien generó el apoyo de distintos países, organismos intergubernamentales, agencias de cooperaciòn y Ong.
  • Desde el Acuerdo referido hasta la fecha, las partes han evidenciado seriedad y compromiso frente a lo inicialmente acordado. Esta postura es muy importante, dado que el otorgamiento de confianza entre las partes representa un factor indispensable para el éxito de las negociaciones de paz.
  • Independientemente de las naturales o lógicas diferencias políticas e ideológicas entre las partes, mediante declaración conjunta en Oslo instalaron las negociaciones de paz. Al respecto cabe señalar, que son presisamente estas diferecias, percibidas generalmente como incompatibles, las que han generado y dinamizado este conflicto y las que conllevan a las negociaciones de paz.
  • Los distintos sectores de la sociedad civil, en forma mayoritaria son partidarios del proceso de  paz, aunque a diferencia de anteriores negociaciones de paz, su optimismo es mas moderado, lo cual podria interpretarse como el reconocimiento de i nnegables realidades: no sera este un proceso de paz fácil, sin tropiezos o dificultades; la negociación de paz requiere altas dosis de paciencia y prudencia, no sólo de las partes, sino de la sociedad civil en general y los medios de comunicación; y de lograrse el esperado acuerdo de paz, este no equivale a la mágica e inmediata construcción de la paz en este país.
  • Hasta el momento, estos avances permiten inferir que el gobierno y el movimiento insurgente de las Farc se  estan dando la oportunidad de resolver por la vía negociada el conflicto que los  ha vinculado largamente; que este movimiento insurgente avanza hacia el proceso de transformación y cambio, que siempre ha aducido como necesario para Colombia, mediante la vía de la participación política; y que las partes de este conflicto tienen la convicción de que la negociación y su voluntad política pueden encontrar alternativas para la terminación de dicho conflicto.

Estos avances, unidos a las ventanas de oportunidad que se han reconocido para estas negociaciones de paz (1), permiten afirmar que este incipiente proceso de paz ha comenzado con significativos aciertos, que es necesario persistir en mantener la esperanza frente al mismo, y que la sociedad civil, las Iglesias, y la cooperación internacional pueden contribuir al mismo generando escenarios favorables a estas negociaciones de paz y mediando en ellas, como lo han hecho por décadas en este país (2).

Ello no implica que perdamos de vista la complejidad que es propia a las negociaciones de paz, los retos específicos que entraña el conflicto armado colombiano, especialmente su larga duración y su caracter social y polìtico, la incidencia que puedan tener las voces que se levantan en contra de la solución pacífica del mismo, y los exceptisismos latentes. También, que estas negociaciones no estan excentas de caer en estancamientos y embotellamientos.

Notas:

1. www.razonpublica.com/index.php/rp-en-los-medios/3345-mas-de-300-colombianos-firman-carta-de-apoyo-a-dialogos-de-paz-en-noruega.html

2. Hernandez Delgado E., (2012), Intervenir antes que anochezca. Mediaciones, intermediaciones y diplomacias noviolentas de base social en el conflicto armado colombiano, Colombia, Litografía La Bastilla.

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Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicaciones.

Algunos de nosotros le veníamos siguiendo la pista a este libro que habíamos ojeado en su versión en inglés, pero requería de una lectura más sosegada. Finalmente lo han traducido con el título de “Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicaciones”
Como creo que es muy interesante para debatir en el grupo de investigación, os comparto este enlace con comentario de este libro.
PINKER, Steven (2012) Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicaciones.

Saludos

JUAN CODORNÍU

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PACES IMPERFECTAS Y CONFLICTIVIDAD

El debate de como denominar el grupo nos está sirviendo para clarificar algunos de nuestros postulados. En lo que sigue participo del debate al respecto.

Nuestro grupo de investigación nació en el año 1992 en el seno del Instituto Universitario de Investigación de la Paz y Conflictos de la Universidad de Granada, con el objetivo de potenciar la Investigación para la Paz en este centro y esta Universidad. Desde entonces se ha consolidado pero sobre todo ha crecido, tanto en su teoría como en la incorporación de miembros significativos de otras universidades y países (del estado español, Magreb, Italia e Iberoamérica).

Obviamente este grupo es multidisciplinar, también multicultural, por las diversas procedencias, formaciones y especialidades es inter y transdisciplinar y, lógicamente plurimetodológico. La paz imperfecta inicialmente era una propuesta más para facilitar el debate se fue convirtiéndo poco a poco, gracias a la comprensión y apoyo de muchos investigadores e investigadoras, en el epicentro de un todo un cambio paradigmático basado en la aceptación del conflicto como una condición inherente a la especie humana, y relacionado con un perspectiva compleja y transmoderna de la investigación para la paz. Aunque estoy convencido de que las lógicas de las nuevas epistemologías proceden más de ontologías que tienen en cuenta la ubicación de nuestra especie en la complejidad y la conflictividad, hay que reconocer que la paz imperfecta, quizás por el campo transdisciplinar en que estamos ubicados y por el horizonte normativo que conlleva, sigue facilitando una mejor aproximación y comprensión inicial.

A lo largo de los últimos años relacionados con la paz imperfecta han ido apareciendo otras propuestas como son: una matriz unitaria y comprensiva, que incluye las mediaciones, el empoderamiento pacifista y la deconstrucción de la violencia, e igualmente hemos desarrollado otras ideas como el campo transdisciplinar de la paz, los equilibrios dinámicos, los habitus, la pax homínida, virtudes, praxis… Asimismo, con la relación establecida con los investigadores de la UJI nos hemos enriquecido con la perspectiva de la filosofía para hacer las paces, el feminismo y la ética del cuidado, los estudios postcoloniales, …1

Pero lo que quiero resaltar con este escrito es como, paulatinamente lo que eran aportaciones más o menos individuales se ha convertido en un bagaje colectivo común, lo que obviamente es trascendental. Porque todos estamos convencidos de que esta perspectiva imperfecta, conflictiva, compleja y transmoderna es importante para posicionarse en la praxis de la investigación para la paz.

Hay otro valor añadido y es que esta perspectiva coincide con los esfuerzos de otros campos transdisciplinares (feminismo, desarrollo sostenible, estudios postcoloniales, …), además de los valores epistémicos, ontológicos y axiológicos que tiene para la investigación para la paz, los tiene para contribuir a la renovación del pensamiento tradicional de otras ciencias humanas (y sociales).

Por tanto tenemos la posibilidad de contribuir, humildemente, a la renovación de la investigación para la paz y de las ciencias sociales y humanas. ¿Cómo podemos hacer esto? En gran medida lo estamos haciendo con toda nuestras actividades académicas, científica y práxicas, individual y colectivamente.

Es muy importante que la «cualidad» del grupo quede definida lo mas claramente posible, sobre todo para facilitar el debates con otros posicionamientos, tendencias o paradigmas presentes en la investigación para la paz. Y, en consecuencia que todos aquellos (investigadores, estudiantes, docentes, cooperantes, agentes sociales y políticos, etc.) que quieran conocer la «cualidad» del grupo tengan la posibilidad de acceder lo más clara y fácilmente a nuestros presupuestos. Para ello podemos, además de los mecanismos ya vistos implementar algunas otras cosas en las que me detengo a continuación.

Creo que la fuerza del grupo, radica justamente en los colectivo, en lo multi e interdisciplinar e implementarlo debe ser uno de los objetivos fundamentales. Habrá que intentar en la medida de nuestras posibilidades continuar con reuniones anuales monotemáticas; fortalecer las relaciones entre los miembros del grupo; actualizar la página web (que aunque es institucional ofrece muchas posibilidades); lanzar con fuerza este foro paces imperfectas que puede ser una herramienta de primer nivel; …

Con respecto a la denominación del grupo, que sinceramente es secundario con respecto a todo lo demás, se ha verificado que el concepto mas representativo y que nos caracteriza de forma mas reconocible es el de paz imperfecta, entendido como una creación intelectual que ya no pertenece solamente a quién lo forjó, sino mas bien como algo que se ha ido compartiendo y modificando a lo largo de los años de debates y producción académica, llegando a tener una considerable consistencia. Por estas razones se ha consensuado ponerlo como primer término del nombre del grupo.

Se ha barajado completar el titulo con dos sustantivos que aparecían en la mayoría de las propuestas: conflictividad y complejidad. Los asistentes han expresado sus posiciones al respeto de cada uno de ellos, que se pueden así resumir: conflictividad ha sido aceptado por todos como indicativo de nuestras preocupaciones y intereses, además de representar un hilo de continuidad con las actividades precedentes del grupo, de los investigadores y del Instituto mismo que representa la “base de operaciones” de mucho de los participantes y del grupo como tal. Se ha consensuado incluirlo como segundo termino del futuro nombre. Por ultimo se ha debatido la inclusión del termino complejidad, cuya utilización ha generado mas discusión: a favor de su inclusión se ha subrayado la fecundidad del termino y de todo el paradigma de interpretación sistémica que de ello se genera, en particular en relación con los conceptos de multicausalidad y incertidumbre, además parece un campo de estudio en gran desarrollo y con un gran potencial a medio y largo plazo; en contra de la inclusión los argumentos han sido la amplitud del termino; la falta de profundización de muchos de lo investigadores en el campo de la “ciencia de la complejidad” y la mayor y eficacia de un titulo mas breve y incisivo. Visibilizamos las dos posibilidades: Paz imperfecta y conflictividad y complejidad y paz imperfecta y complejidad, ventajas e inconveniente y finalmente nos decidimos mayoritariamente PAZ IMPERFECTA Y CONFLICTIVIDAD.

Confiamos en que este seaun pequeño paso para seguir adelante.

1. Todos estos debates se han visto refrendados por innumerables publicaciones, tesis doctorales, trabajos de investigación, seminarios, otras actividades académicas y científicas (entre la que destacamos el Proyecto de Excelencia Cultura de Paz en Andalucía. Experencias y desaríos) y prácticas sociales y políticas. Asimismo queremos resaltar como fruto del último seminario organizado junto con AIPAZ, presentamos una ponencia conjunta de investigadores de la UJI y la UGR titulada Paces imperfectas en un mundo diverso y plural

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Paradigmas en Investigación para la Paz

Como me comprometí, aquí estoy inaugurando un nuevo post a raíz del sugerente comentario que nos envío Lidón en su último correo. En el mismo ella nos planteaba si podemos hablar de paradigmas en Investigación para la paz y acerca de la necesidad de explicitarlos.

Siguiendo a Kuhn, podemos entender por paradigma tres cosas vinculadas entre si, y que se incluyen una en otra. Ordenadas de mayor a menor: a) En sentido más amplio, un paradigma sería una visión general del mundo, una manera general de entender la realidad. b) En un sentido más restringido e incluido en el primero, se entendería por paradigma una teoría científica concreta. c) En el sentido más restringido de los tres, lo entendería como un conjunto de problemas y técnicas para solucionarlos que se consideran modélicos en la disciplina en cuestión, y dentro de una teoría científica concreta.

El mismo Kuhn, utiliza también el término de matriz en el sentido de conjunto de compromisos compartidos, y quizás si en el grupo de investigación queremos huir de un término como el de paradigma que puede resultar demasiado “fuerte”, pero que perfectamente podríamos utilizarlo en alguno de los sentidos que hemos citado anteriormente, aquel otro creo que se adecua bastante al requisito de “matriz comprehensiva” que utilizamos.

Por otro lado, la cuestión de considerar una “Ciencia de la paz” también puede ser controvertido, y sería interesante conocer vuestras posiciones. Hacer de la Paz una Ciencia podría convertirla en otra disciplina más con un objeto de estudio propio “la paz”, y abandonar los múltiples objetos de estudio que pueden contribuir a la construcción de la paz desde diversas disciplinas, alejándonos de la perspectiva transdisciplinar. Personalmente considero más adecuado, como habitualmente hacemos, hablar de “Campo Transdisciplinar de la Paz”.

La temática sobre mapas conceptuales en Investigación para la Paz, se ha solido formular bajo el epígrafe de Agendas de investigación para la Paz y os comparto la siguiente Bibliografía al respecto: (Pinchar este enlace Bibliografía_Agendas )

Cuando veáis la bibliografia, comprobaréis que tanto Paco Como Vicent se han ocupado también de este asunto. Pero además quiero compartiros este título  que traza un mapa bastante interesante de las diferentes aportaciones a la investigación para la paz RICHMOND, Oliver P. (2008) Peace in International Relations, New York: Routledge Studies in Peace and Conflict Resolution, pp. 154-165 (pinchar en el siguiente enlace para acceder al texto Agenda_for_peace_in_IR )

Saludos a todos y espero que me funcionen los enlaces que he insertado.

Juan Codorníu


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Propuestas nombre Grupo de investigación

Hola a todo/as,

he estado siguiendo atentamente el positivo debate acerca del nombre del Grupo de investigación, y creo que va siéndo hora de que vayamos acercándonos a tomar alguna decisión (por cierto, hubiera estado bien haberlo hecho en el foro que se abrió para el grupo, y que no estaría de más reactivarlo, de hecho esto lo voy apublicar como una nueva entrada en: http://pacesimperfectas.org/).

Además, os adjunto una recopilación de las distintas propuestas, a la que incorporo la mía, que es esta: PACES IMPERFECTAS. Y ahora os la argumento.

Aunque me parecen muy interesantes las propuestas sobre Complejidad, tras haber participado en XV Seminario la Cultura de Paz desde Andalucía. Paz y Complejidad (16 de Marzo de 2012), y en el 5º Congreso Bienal Internacional Complejidad 2010 (La Habana, 6, 7 y 8 de enero de 2010), observo que los frutos de nuestra actividad como grupo tienen bastante poco que ver con los desarrollos que se hacen desde esta perspectiva. Si realmente queremos incorporar Complejidad en el nombre del grupo, humildemente opino que deberiamos hacer un gran esfuerzo para sintonizar con estos planteamiento de una manera que no sea meramente nominal.

Como a alguno de vosotros, también me parece algo redundante incluir en el nombre Paz y construcción de paz, y con respecto a incluir “Poder” o “ Convivencia”, creo que perdemos señas de identidad.

Lo distintivo del grupo es pensar desde la Paz imperfecta y la matríz integradora, en el sentido que le otorga Kuhn a “matríz” como “conjunto de compromisos compartidos”. En ella ya se incluye las perspectivas abiertas de la conflictividad, la deconstrucción de la violencia, las mediaciones y el empoderamiento. Honestamente considero adecuado centrarnos en estos compromisos, que creo que son más acordes con lo que hacemos, pero añadiéndoles el plural como reconocimiento de la diversidad de nuestras capacidades como seres humanos y como expresión de la pluralidad individual, histórica, social y cultural.

Cariñosos saludos a todos/as

Juan Codorníu

Propuestas:

COMPLEJIDAD, CONFLICTIVIDAD E IMPERFECCIÓN DE LA PAZ

PAZ IMPERFECTA, COMPLEJIDAD Y CONFLICTIVIDAD

COMPLEJIDAD E IMPERFECCIÓN DE LA PAZ

COMPLEJIDAD DE LA PAZ

PODER, COMPLEJIDAD Y PAZ IMPERFECTA

PAZ IMPERFECTA, COMPLEJIDAD Y REGULACIÓN DE CONFLICTOS

PAZ IMPERFECTA, COMPLEJIDAD Y CONSTRUCCIÓN DE PAZ

COMPLEJIDAD Y CONSTRUCCIÓN DE PAZ IMPERFECTA

PAZ IMPERFECTA, COMPLEJIDAD Y CONVIVENCIA

COMPLEJIDAD Y PAZ IMPERFECTA

CONFLICTIVIDAD Y PAZ IMPERFECTA

PACES IMPERFECTAS

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Enrique Morente, un hombre de paz.

Os comparto el artículo que he publicado en el diario Granada Hoy  dentro de un especial que recuerda al cantaor flamenco Enrique Morente en el aniversario de su fallecimiento.

La investigación para la Paz tiene sus orígenes en los años 50 del pasado siglo en algunas universidades estadounidenses, en un contexto de amenaza de holocausto nuclear y de gran preocupación por el futuro del ser humano tras el desastre que supuso la segunda guerra mundial, por lo que su nacimiento respondió al objetivo fundamental de estudiar las causas de los conflictos armados. En el Instituto de la Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada, y concretamente en el grupo de investigación al que pertenezco, el planteamiento que nos hacemos dentro de la amplia agenda de investigación para la paz, no se centra tanto en esta preocupación por la violencia, como en el intento de aportar conocimiento sobre las posibilidades de realización de las diferentes paces que puedan darse en cualquier ámbito de las relaciones humanas. Para ello, partimos de la idea de que las paces de las que hablamos constituyen procesos que pueden ir construyéndose en la cotidianeidad de las relaciones que mantenemos en cualquier nivel. Coloquialmente nos autodenominamos “Imperfectólogos”, es decir estudiosos de una Paz que es imperfecta, no en el sentido de algo defectuoso, si no en el sentido de inacabado, de aquello que está en proceso constante, de aquello que está mezclado, que es híbrido, impuro o mestizo.

Hoy recordamos a Enrique, con quién afortunadamente tuve la oportunidad de compartir la creación de Omega, trabajo que a quienes estuvimos involucrados nos marcó profundamente durante una buena época, dejando además una huella imborrable en nuestra vida. Y me gusta recordar toda aquella experiencia como algo imperfecto, como una elaboración permanentemente inacabada, porque Enrique con su fuente de creatividad inagotable, siempre estaba modificando las cosas durante la grabación, y lo que valía un día, no servía para nada al día siguiente. Y también por eso, ninguno de los conciertos de la primera gira de Omega que yo viví, fue uno igual a otro: si un día sacaba a bailaores con mascaras lorquianas, al siguiente podía sacar a un gitano del rastro de Madrid recitando poemas, y siempre buscando aportar un nuevo horizonte de expresividad.

Yo creo que las personas que buscan incesantemente la creatividad como Enrique, aunque fuese de manera intuitiva sabían algunas de las cosas que algunos utilizamos en nuestras argumentaciones académicas, y por ello pienso que él creaba con el material imperfecto que moldea el mundo real.

Enrique, con su humor tan característico, con su cercanía, propiciaba el relajamiento de las posiciones y que la gente a su alrededor se mostrara creativa, porque sabía escuchar, o mejor aún, como decía en alguna de las letras que cantaba “porque escuchamos con los ojos y con los oídos vemos”. Y esto, no significa otra cosa que un reconocimiento del otro, de lo diferente, y esta es la base del mutuo entendimiento.

Así, me gusta recordar la pacífica cotidianeidad con la que te acogía la familia Morente, y expresar también mi gran admiración y afecto por Aurora, por lo que hago público aquí mi reconocimiento hacia ella, como una mujer constructora de paz, cómo la mayoría de las mujeres por cierto.

Hoy, quiero recordar a Enrique como un hombre de paz, un hombre impuro porque era de este mundo donde todo es híbrido y mezclado, un hombre que supo crear belleza a partir de los materiales que le proporcionaba este mundo imperfecto en el sentido de interminablemente inacabado.

Saludos

Juan Codorníu

http://www.granadahoy.com/article/opinion/1137050/hombre/paz.html

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